 La extraña historia de Estados Unidos respecto a Irak Vivimos a su lado, nuestro presidente es un perfecto lamebotas, bueno, pues que podemos esperar de FOX. Sabemos pues que Estados Unidos proclama que va a salvar al pueblo iraquí del despotismo de Saddam Hussein. Condena los crímenes de Hussein y los imbéciles medios de comunicación masiva repiten lealmente las mentiras. Pero hay un hecho que no se oirá de la boca de Bush, Rumsfeld o los demás voceros del gobierno: que el mismo Estados Unidos puso en el poder al partido Baath de Hussein y apuntaló su brutal dictadura durante décadas. Tomen nota de los siguientes datos. 1944: El Departamento de Estado señala que el petróleo del Medio Oriente es "una estupenda fuente de poder estratégico y una de las mayores presas materiales de la historia mundial". Durante las negociaciones con Inglaterra sobre el control de la región, el presidente Franklin Roosevelt le dice al embajador inglés: "El petróleo de Persia es suyo. Vamos a compartir el de Irak y Kuwait. En cuanto al petróleo de Arabia Saudita, es nuestro". El 8 de agosto de 1944, se reparten el petróleo mesoriental oficialmente en el Acuerdo Petrolero Anglo-Americano. 1960: Washington trata de socavar al gobierno de Irak. Apoya a los rebeldes curdos e intenta asesinar al líder iraquí, Abdul Karim Qassim, un general que restauró las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y levantó la prohibición del Partido Comunista. 1963: Washington apoya un golpe de estado del partido Baath que tumba al gobierno de Qassim. Da a los golpistas una lista de comunistas para asesinar. Poco después del golpe, Saddam Hussein se hace cargo del partido Baath. Una fuente nota: "Armada con nombres y direcciones de los comunistas, la guardia nacional llevó a cabo ejecuciones sumarias. Arrastraron a los comunistas de las celdas... y los fusilaron... En la campaña de terror mataron de 3,000 a 5,000 comunistas". 1973-1975: Estados Unidos apoya a los rebeldes curdos en el norte de Irak para fortalecer al gobierno pro yanqui del sha de Irán y para debilitar al gobierno de Irak, que es pro soviético. Pero cuando Irak e Irán llegan a un acuerdo, Washington retira su apoyo, no permite que los curdos se refugien en Irán y mira para otro lado mientras el gobierno iraquí los masacra. Primavera-verano de 1980: La caída del sha de Irán (el principal títere yanqui del golfo Pérsico) y la invasión soviética de Afganistán preocupan mucho al gobierno estadounidense. Como parte del contraataque, presiona a Saddam Hussein a atacar a Irán. En la primavera de 1980, Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional del presidente Jimmy Carter, indica que Washington está dispuesto a cooperar con Hussein. Le asegura que Estados Unidos no se opondrá si se apodera del sudoeste de Irán. Los gobiernos pro yanqui de Kuwait y Egipto también le piden a Irak que ataque. Septiembre de 1980: Irak invade a Irán con el apoyo tácito de Estados Unidos, y así empieza una sangrienta guerra de ocho años. Washington ayuda a los dos contrincantes, a veces al uno y a veces al otro, para prolongar la guerra, debilitar a los dos gobiernos y atraerlos más a su órbita. Washington no le permite a la ONU intervenir; quita a Irak de la lista de países "terroristas"; le da armas, y ayuda económica y política; pide a sus aliados del golfo Pérsico que le presten más de 30 mil millones de dólares para financiar la guerra; y le da informes de espionaje sobre Irán a sabiendas de que tiene armas químicas. 1983: El presidente Ronald Reagan envía a Donald Rumsfeld a Bagdad a afianzar las relaciones con Saddam Hussein. 1988: El gobierno iraquí ataca aldeas del norte con gas neurotóxico y mata a miles de curdos. Washington le da más ayuda. Julio de 1990: April Glaspie, la embajadora de Estados Unidos a Irak, se reúne con Hussein. Este le dice que va a atacar a Kuwait por no respetar la cuota de producción petrolera y por robar petróleo de territorios iraquíes. Glaspie contesta: "No tenemos opinión sobre conflictos entre países árabes, como su disputa fronteriza con Kuwait". Cuando Irak invade a Kuwait, Estados Unidos aprovecha para caerle encima a Hussein, y restablecer su hegemonía y control del golfo Pérsico en el mundo postsoviético. Condena la invasión, rechaza una solución diplomática, impone sanciones y (tras seis meses de preparativos) inicia la Operación Tormenta del Desierto.

Ya sabemos la sarta de pendejadas que el régimen Bush invento con la finalidad de invadir Irak: Primero las Armas de Destrucción Masiva, pero como no encontraron nada, usan el pretexto de que Hussein era un terrible dictador. La captura de Saddam Hussein, escondido en un hoyo en una finca cercana a la ciudad de Tikrit en el centro de Irak, ha sido ocasión para la expresión de pleno regocijo por parte de la administración Bush, las autoridades estadounidenses de ocupación en Irak y los medios informativos norteamericanos. Los otrora adversarios de la ilegal invasión estadounidense han sido barridos por la ola de triunfalismo de Washington. El canciller Alemán Helmut Schröder y el presidente Francés Jacques Chirac tardaron muy poco en mandar a George Bush sus anheladas felicitaciones. Habiendo demonizado a Hussein como el equivalente de Hitler, su captura es considerada como un mojón en el nacimiento de un Irak "libre" y "democrático". Esta interpretación de los acontecimientos evade varias preguntas inconvenientes. La primera fue planteada por un periodista en la rueda de prensa que tuvo lugar en la sede de la Autoridad Provisional de la Coalición en Bagdad para anunciar la captura. "¿Es posible dirigir la guerra de guerrillas desde un hoyo en el suelo?," preguntó. La respuesta es desde luego que no: Saddam Hussein no era una especie de cerebro que coordinara los ataques que han estado produciéndose recientemente hasta un nivel de 55 diarios por todo el territorio de Irak. Era un individuo acosado, que al parecer se movía de un sitio a otro y estaba preocupado por su propia supervivencia. Las fuentes militares estadounidenses indicaron que no se les encontró ningún equipo de comunicaciones, ni siquiera teléfonos móviles, a Hussein y a sus dos compañeros. Los funcionarios estadounidenses declinaron comentar como se enteraron de su paradero y si alguien iba a reclamar la recompensa de US$ 25 millones puesta sobre su cabeza. El éxito táctico al atrapar a Hussein puede tener un efecto a corto plazo para reforzar el hundido prestigio de la ocupación. Sin embargo, apenas sirve de base para resolver los intratables problemas que acosan a los EEUU en su intento de recolonización de Irak, o en lo que respecta a la eliminación de la creciente resistencia nacionalista del pueblo Iraquí. Curiosamente, en sus jadeantes informes de las celebraciones Iraquíes sobre el destino de Hussein, las redes de televisión estadounidenses transmiten repetidas veces la filmación de dos manifestaciones en Bagdad. La primera fue la de los partidarios del Partido comunista Iraquí ondeando banderas rojas con la hoz y el martillo, mientras que la segunda fue organizada por una facción musulmana chiíta que llevaba retratos de ayatolás. Aunque ambas tendencias han colaborado hasta cierto punto con la ocupación estadounidense, ninguna parece una base probable para algún tipo de régimen nuevo y estable apoyado por EEUU. Los funcionarios estadounidenses también han rehusado aclarar cómo tratarán con Hussein ahora que está en custodia. El General Ricardo Sánchez, comandante de las tropas de ocupación estadounidenses en Irak, desvió las preguntas acerca de si sería entregado al Consejo de Gobierno iraquí o si sería llevado antes un tribunal especial cuya creación fue anunciada unos días antes. Se limitó a decir que el ejército de EEUU seguiría "procesando" al anterior presidente Iraquí. Lo que se haga con Hussein será un caso de justicia de los vencedores. Tanto el Consejo de Gobierno Iraquí como el nuevo tribunal son creación de Washington y carecen de legitimidad. La autoridad de ocupación estadounidense carece de base bajo el derecho internacional para llevar a cabo cualquier tipo de juicio a anteriores dirigentes Iraquíes. Puras iregularidades de estos reverendos hijos de puta. 
En todo caso, si se va a hablar de cargos por crímenes de guerra en relación con Irak, los más graves de todos tendrán que presentarse contra la propia administración Bush por maquinar y emprender una guerra sin fundamento ni pruebas precisas. |